A MÍ ME DABAN DOS

by - diciembre 05, 2017

 
 
La Navidad nos pisa los talones y a la que nos descuidemos, ¡pillados!.
Yo siempre tengo una fecha estipulada para ese momento, vamos a coger los adornos de navidad. El puente de la constitución. Es por esos días cuando empieza nuestro ritual navideño, ya que es una costumbre y tradición instauradas, no sólo el hecho de adornar un árbol o poner un nacimiento en algún lugar estratégico de la casa; sino que ya sólo el ir al trastero, el subirte al altillo a ver cómo siguen todos esos adornos, si necesitaremos añadir algo más este año, si habrá que cambiar ubicaciones, si nos volvemos sencillos o nos marcamos unos handmade porque este año nos lo vamos a currar, es un proceso paso a paso, lento, cumpliendo los protocolos navideños.
.El momento de abrir la caja o bolsa marcada correctamente con las palabras “adornos navidad” es como una inauguración en la que ponemos todo nuestro empeño y artes decorativas al servicio de nuestro hogar; el cual seguramente acogerá más que nunca invitados ávidos de ver si su casa es mejor o este año tú te llevas la gloria.
Desde que era pequeña hasta cuando me casé, pero todavía no había niñas forofas de la navidad a mi alrededor, mi énfasis navideño era un nacimiento discreto y algún color a tono con la época que nos envolvía. Poco más.

 
Pero llegaron esos adornos a los escaparates que a veces incluso una ni estaba segura si eran adornos de navidad o una exaltación demasiado chic para todo el año en tu hogar. Con ellos llegaron también dos remolinos a mi vida que se hacían mayores para opinar y querían hacer de su casa una explosión navideña a lo frozen, a lo renos en el jardín, luces con mil bailes en el balcón y un árbol!
Reconozco que mi mayor dilema después de la ceguera de tanto brilli y luces de colores fue el pensar poner un árbol en casa. Mi imagen de la navidad no iba más allá de sacar las figuras del nacimiento y colocarlas una a una y recibir en condiciones la época del espumillón desde mi tradición.


 
Pues al final, a mi me daban dos. Y ese par de remolinos danzantes llenaron mi casa de rojos, dorados, verdes y blancos, de un árbol lleno de bolas, de trabajos manuales del cole, de animales que aparecían colgados del árbol cuando menos te lo esperabas, de luces y espumillón brillante por doquier. Y de repente, descubrí lo que era la Navidad y qué había detrás de la locura decorativa que hacía a todo el mundo convertirse en expertos decoradores por unos días. La Navidad no son cenas en familia alrededor de una mesa, no son fiestas locas despidiendo y recibiendo un nuevo año, no son me pidos y rasgar montones de papeles de regalo. Es algo más sencillo y discreto, y aunque esté envuelto en la mayor de las extravagancias, que brilla hasta dejarnos ciegos y sus colores acaben extasiando nuestros sentidos; la Navidad es ese pequeño momento en el que todos estamos alrededor de una caja que dice “adornos navidad” y empezamos a sacar uno a uno como el mejor de los regalos; las bolas del árbol, los lazos de terciopelo rojo, las manualidades que necesitan ya algún retoque y llenamos la casa de luces, ponemos a los reyes magos estratégicamente para que parezca que llegarán antes al portal, guardamos al niño Jasús alejado de manitas curiosas hasta el día de su nacimiento, nos emociona encender cada noche las luces para que nuestra ventana brille como una más desde la calle, despedimos todo un año lleno de idas y venidas mejores o peores, pero lo despedimos en condiciones y llenamos de peticiones, deseos y promesas a ese extraño que llega y estamos por conocer. Y todo eso, “tan solo eso”, es lo que sucede cuando abrimos nuestra caja y todo cobra sentido.

 

Y tú, ¿eres de nacimiento o de árbol?
 
*fotos by J´Habité
 
Marta Besada

 

You May Also Like

0 comentarios