EL LATIDO DE UN ATELIER

by - marzo 13, 2018


Picasso en su estudio dando clases de pintura a sus hijos Claude y Paloma con dos amigos..
 
El estudio de un artista es esa segunda piel que va creciendo conforme lo hace su propia obra. El estudio de un artista es su espacio, suyo y punto. Toda persona ajena a él debe ser siempre respetuosa con lo que ahí ve, no se deben emitir críticas dentro del estudio, ni preguntas, ni sugerencias, ni ná de ná, que quieres que te diga. Puede que parezca muy radical y que el artista necesita y crece mediante las críticas; sus raíces se hacen fuertes debido al sustento y el riego constante de consejos, charlas, segundas opiniones o crueles negativas y ceños fruncidos. Pero no ahí.
Sorolla en su estudio.
 

La escultora Cristina iglesias en su estudio.
El estudio de Modigliani

En el estudio cada uno es como es sin importarle el qué dirán, si gusta o no, si todo está limpito y ordenadito o es un caos por el que la única explicación es la visita de un seísmo de 7 grados en la escala Ritcher. En un estudio hay pruebas y más pruebas, obras dudosas, trabajos encumbrados que nos alientan a seguir y la inspiración del exterior vuelta a nuestro territorio. Vaya ya se me ha ido el nuestro; y es que mi vida rodante no me permite echar raíces en un estudio marcándolo de pigmentos añejos, ni me permite acumular cientos de todo un poco. Bueno esto se me da mejor, pero casi. Mi estudio es transitorio, nómada y necesario. Tal vez a veces echo de menos esas raíces en un espacio que tan solo sea mío, en donde simplemente el estar ahí me haga parar, respirar y seguir por algún camino del que me había desviado. En este caso mi estudio lo hacen los objetos y no tanto el espacio; esos espacios maravillosos que dicen tantísimo de las personas que lo habitan y poseen a partes iguales. Creo que esos estudios que al final echan raíces en nosotros mismos son pequeñas extensiones de nuestros cuerpos que amamos y odiamos igualmente, pero que no seriamos sin ellos.
Estudio de Tamara de Lempincka
 

Jenny Saville en su estudio de Londres

Mis objetos, cacharros, recortes, basurillas, pinceles, espátulas, telas y cosas pringosas forman mi estudio y conforman esas presentaciones que cada cierto tiempo debo hacer hacia un nuevo espacio. Nunca sentirme la nueva y crear un vínculo que haga de ese nuevo habitáculo mi sitio, mi vía de escape, mi cazador de musas y mi puerta hacia lo que toca en ese momento.

A lo largo de la historia al igual que los espacios que contenían el arte, los talleres, atelier o estudios de artistas han evolucionado, porque a pesar de que cada espacio goza de universo propio, lo que transcurre fuera siempre se verá reflejado dentro.

 Estudio compartido de Frida Khalo y Diego Rivera

 Maruja Mallo

David Lynch trabajando en el estudio

Estudios pulcros y ordenados; bailes desenfrenados de materiales en donde sólo su mentor sabe la clave del orden y arte en su estado más puro, el de la creación.  
 Calder en su gran estudio


 Picasso, París..

 María Gimeno en su estudio

 casa estudio de Willem de Kooning

En ocasiones, el estudio va más allá y se convierte en el propio hogar y debe compartir dualidad, ritmos y estados con el propio estudio. No sé si esto pueda ser una mezcla un tanto explosiva pero también puede ser una manera de convivir llevada más allá, en la que el proceso de creación es una constante vital arraigada al universo de convivencia más puro. El día a día.

Carmen Calvo rodeada de obras en su estudio.

En mi caso, el orden impera en los objetos y cada uno busca minuciosamente su lugar; transcurrido un tiempo suele visitarme un torbellino al que le da igual la importancia de mi estado sereno e impone su propio orden. Una vez saciado ese remolino de ideas intrusas, mi mente vuelve a la calma y mi cuerpo pide orden y más orden! como un acto de catarsis después de la visita de musas siempre bienvenidas.
 
Marta Besada

 

 

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